Por Carlos Aguirre Salinas

Ya va cumplir un mes que Nicaragua está siendo azotada por la violencia y la manipulación ideológica-mediática, las que han dejado muchas muertes de estudiantes, niños, pobladores y oficiales de la Policía Nacional. Los daños son cuantiosos donde se ha afectado propiedad pública y privada, pero sobre todo han sembrado la intranquilidad y zozobra en el país. Se suman las voces populares desde distintas denominaciones y creencias, con un espíritu ecuménico en solicitud de paz, que lamentan y denuncian estos actos que se han convertido en acciones bélicas que ya podrían considerarse una guerra donde la mayor afectada es la ciudadanía. Es admirable el constante llamado que hacen los pastores, sacerdotes y laicos para que sea posible un diálogo nacional a favor de la paz.

Pero también hay que decir que se alzan voces que aplauden, aprueban y promueven la continuidad de este caos nacional, líderes religiosos que abusan de la sotana y los cargos eclesiásticos para engañar a los feligreses y al pueblo creyente, simulando dolor por las víctimas de violencia e incitado ánimos de venganza y odio, lo que ha desatado acciones vandálicas en diferentes sectores de la capital y otros departamentos. Es el caso de Monseñor Silvio Báez, que se ha convertido en el principal promotor de la violencia en contubernio con una mano invisible que surge de los partidos de derecha, sin embargo sus dirigentes no dan la cara, sino que envían a sus voceros principales, entre ellos está Monseñor Báez.

Hasta el momento no se ha escuchado una voz negativa de las iglesias evangélicas, al contrario, instituciones y líderes cristianos llaman a un ambiente de paz y conciliación. Lo que hay que destacar es que cuando surgen voces evangélicas que optan por una posición política-partidaria, éstas no son avaladas por sus instituciones donde pertenecen, lo hacen de manera personal; así mismo, las instituciones no permiten que se usen sus símbolos para respaldar esas posiciones. Por el contrario, en el caso católico, las voces perjudiciales como la de Báez al parecer se revisten de todos los recursos simbólicos y de la investidura clerical que le da la iglesia católica. Desde la jerarquía no se busca callar o sancionar este tipo de manifestaciones que va en contra del testimonio cristiano, cuya base está en la persona de Jesucristo, el dador de la paz y el perdón.

Hay que recordar, en la década de los ochenta cuando estaba el fragor de la guerra impuesta por Estados Unidos, Nicaragua recibió la solidaridad de las iglesias de todo el mundo, participaron en las redes de paz y la no violencia que marcharon por las calles y se juntaron en un espíritu ecuménico y en un mismo sentir. El Rev. Gustavo Adolfo Parajón hizo su distinguida contribución para el logro de este propósito, juntó vigores dispersos a través del diálogo con el respaldo de la iglesia. Actualmente por ese mismo camino sigue el padre Uriel Molina, quien ha optado por respaldar la verdad que es el cimiento de la paz.

Hoy como en aquél tiempo, se necesita el acompañamiento solidario de pastores, sacerdotes, teólogos, laicos, instituciones e iglesias católicas y protestantes de distintas nacionalidades, para que a través de cartas pastorales se pronuncien contra esta situación y promuevan el entusiasmo de sembrar la paz, la reconciliación, el perdón y la justicia en la nación. Nicaragua necesita la voz solidaria de los cristianos de todos los rincones del planeta. Escuchen cristianos de la tierra: ¡Nicaragua quiere vivir en paz!