Por Carlos Aguirre Salinas

La sociedad está acostumbrada a contemplar movilizaciones que involucran a sectores sociales protestando o exigiendo la validez de sus demandas, proponiendo o criticando medidas dictadas por instituciones estatales, organizaciones o empresa privada. En las calles principales de la capital desfilaron centenares de feligreses en contra del aborto terapéutico, la diversidad sexual, la educación religiosa en las escuelas públicas, y otros temas candentes en la religión fundamentalista. De la misma manera religiosos se involucran en marchas de derechos humanos, iniciativas sociales y acciones de partidismo político confesional. Las celebraciones denominacionales de igual forma atraen multitudes que escuchan un discurso híbrido de lo político y lo religioso, que al final favorecen a sus demagogos que bien dominan la mercadotecnia de un mercado religioso perspicaz que cada día se hace más rentable. Es un hecho que las mencionadas movilizaciones han atraído a los medios de comunicación y por ende a los actores decisorios del país, sin embargo, los resultados han quedado anclados a una política identitaria que no admite cambios estructurales, al contrario, con la astucia burocrática logran distraer y confundir a la feligresía, para que prosiga a favor de sus intereses creados.

El actual mundo no sabe que lo que funciona de forma oculta es más poderoso que cualquier movilización social ante la mirada pública. Durante años he sido testigo de un movimiento religioso que opera en silencio y moviliza personas que no podrían contarse, porque su avance sale del control hasta de sus mismos diseñadores. Cuando Peter Wagner y sus socios comenzaron a enseñar sobre cartografía espiritual al liderazgo eclesiásticos no se percataron que organizaban una generación de líderes que fortalecería su trabajo territorial dividido en zonas estratégicas para expandirse con el sistema celular hasta ocupar la nación. Nicaragua no es la excepción, existe de forma dispersa un sector de cartógrafos espirituales decidido a conquistar cada palmo de la nación nicaragüense. Tal vez podría pensarse que los participantes de esta silenciosa organización no tienen alguna formación, lo que sorprende es que se trata de profesionales, académicos, empresarios y funcionarios de ONGs e instituciones sociales, además de estudiantes universitarios; quienes se informan sobre la guerra espiritual, realizan estudios y mapeos de los territorios que deciden conquistar.

El contenido tradicional enseñado por los llamados apóstoles tiene fines proselitistas y de crecimiento financiero por inspirarse en la llamada teología de la prosperidad; pero los grupos celulares sin percatarse sus promotores, han hecho cambios en los propósitos y metodología del sistema, porque estos además de conseguir y llevar gente a la megaiglesia o templos, han construido redes de acompañamiento y solidaridad para sus miembros, sobre todo a personas, familias y grupos necesitados. Profesionales consiguen empleo, emprendedores logran fortalecer sus negocios, estudiantes siguen con sus carreras por los mensajes motivadores y recursos que le comparten sus compañeros y compañeras de la red local; familias con problemas económicos son beneficiadas con donaciones en especies y son visitadas para darle motivos de esperanza; quienes sirven en organizaciones públicas o privadas son llamados para socorrer con proyectos o iniciativas específicas a integrantes de las redes locales que están insertas en las casas, donde palpan la realidad de los hogares y su lucha por la sobrevivencia humana.

En este momento que escribo el presente artículo, releo etnografías, entrevistas y testimonios de los protagonistas de este movimiento, las fuentes son muchas, por eso no exagero al decir que, en el subterráneo de las iglesias evangélicas, pentecostales y pentecostalizadas, en particular las que han adoptado el sistema celular, emerge en la clandestinidad una avalancha de creyentes que sin saber de teología de la liberación y sin ser instruidos por ideólogos desarrollistas, todos los días actúan con su compromiso cristiano predicando la palabra de Dios y poniendo en práctica el favor al prójimo, el hermano y la hermana de su red y la comunidad situada en el territorio que con mucha fe pretende transformar sin invertir cantidades de dinero, sino teniendo una actitud proactiva e implementando actividades auto sostenibles. La acción política silenciosa de los cartógrafos espirituales está logrando lo que no han podido alcanzar las ONGs nacionales e internacionales; por algo estos mismos cartógrafos espirituales son identificados y llamados por partidos políticos e instituciones para ser ejecutores de sus planes operativos; porque han percibido que algo grande ocultan estos líderes religiosos que ya minaron Nicaragua y se perfilan a conquistar el mundo.