Por Juan Esteban Londoño

El día 13 de abril de 2017 se publicó en el portal Las dos orillas un artículo titulado “La teofobia colombiana”, cuyo autor es Halinisky Sánchez Meneses[1].

El autor muestra su indignación ante la sentencia de la Corte Constitucional, en la cual se condena el uso de la palabra “marica” o “maricón” para referirse a personas de la comunidad LGBTI –ya el pastor carismático Miguel Arrázola fue denunciado ante las autoridades por hostigar a personas de esta población, llamándolas con este epíteto[2]-.

En su texto, el señor Sánchez se ampara en el artículo 19 de la Constitución Política de Colombia, la cual garantiza la libertad de cultos. Cita, además, el artículo 18, el de la libertad de conciencia como un derecho fundamental: “nadie puede ser molestado por razón de sus convicciones o creencias ni compelido a revelarlas ni obligado a actuar contra su conciencia“.

Este autor piensa que no hay una ley contra la discriminación de los evangélicos en Colombia. De allí el fundamento de su queja.

Sánchez compara a los evangélicos carismáticos colombianos con los judíos de la Alemania nazi. “Los cristianos evangélicos son los nuevos parias sociales de Colombia, como en algún momento lo fueron los judíos para la Alemania hitleriana”, reza la frase introductoria de su artículo. Y señala casos de seguidores de esta religión que son criticados en redes sociales y medios de comunicación por su apoyo a los partidos de derecha, o por su visión moralista que se expande por los estamentos sociales y trata de regular las leyes del Estado, como lo han demostrado los intentos de la senadora Viviane Morales.

Frente esto, Sánchez llama la atención sobre la Ley 1752 de 2015 que tiene por objeto: “Sancionar penalmente actos de discriminación por razones de raza, etnia, religión, nacionalidad, ideología política o filosófica, sexo u orientación sexual, discapacidad y demás razones de discriminación”.

Este autor piensa que no se trata de una crítica a los cristianos sino de una “teofobia”, es decir un “miedo Dios”, incluso un “odio a Dios”.

Tenemos que detenernos en estos tres argumentos fundamentales y evaluar su validez: (a) la comparación de los evangélicos carismáticos con los judíos en la Alemania Nazi. (b) La presuposición de que toda crítica religiosa sea un odio a Dios. (c) Proponer que las críticas a los sistemas religiosos deban prohibirse.

En cuanto al primer argumento, hay que decir que comparar a los evangélicos carismáticos con los judíos en la Alemania Nazi es un evidente abuso de analogía.

En Colombia, los evangélicos no están siendo llevados a campos de concentración, ni son asesinados sistemáticamente por el Estado.

En Alemania, murieron más de seis millones de judíos. A partir del 30 de enero de 1933 comenzó una persecución organizada por parte del gobierno alemán contra ellos. En la época del Nacional Socialismo fueron expedidos cerca de dos mil estatutos y leyes contra los hebreos. En noviembre de 1938 muchas sinagogas fueron destruidas y los judíos fueron sacados de la vida económica del país. Muchos tuvieron que escaparse. Otros, fueron deportados a Guetos en Europa del Este y posteriormente llevados a Campos de concentración para ser eliminados de modo industrial.

(Recomiendo leer la Trilogía de Auschwitz, de Primo Levi, para tener una impresión de lo que sucedió en los Campos de concentración y de exterminio en aquella época).

Esto no está ocurriendo en Colombia. Es un irrespeto con el pueblo judío, víctima de la Shoah, comparar las críticas que se hacen a través de redes sociales y algunos medios de comunicación con el asesinato en masa de un pueblo.

También hay que avisar que la persecución y destrucción por parte del Nacional Socialismo alemán no se realizó solamente contra los judíos. En los Campos de concentración y de exterminio murieron también gitanos, negros, comunistas y homosexuales. A estos dos últimos grupos, muchos evangélicos carismáticos también discriminan, arguyendo, por ejemplo, que los comunistas están relacionados con el anticristo y que los homosexuales son personas perversas; no quieren aceptar su existencia ni su participación activa en la vida política y social del país.

Los alemanes que discriminaban a los judíos en la época Nazi eran, en su gran mayoría, cristianos evangélicos. Los cristianos afirmaban ser el pueblo que sustituyó a Israel, y aún corría el mito del judío errante, maldito por haber matado al Hijo de Dios –lo cual es una interpretación errada de las Escrituras-.

En cuanto al punto b, la presuposición de que toda crítica religiosa contenga un odio a Dios, hay que diferenciar entre una crítica a las instituciones religiosas y una crítica a Dios. Como dijo el mártir Esteban en los Hechos de los Apóstoles, después de una larga narrativa en la que demuestra que Dios está afuera de las instituciones y no adentro: “el Altísimo no habita en templos hechos de mano de hombres” (Hch 7,48).

Esta ha sido también la crítica permanente de los profetas, pues la Biblia misma invita a distinguir entre la sacralidad de Dios y la pecaminosidad del ser humano.

Karl Barth, justo en la época de la Alemania Nazi, proclamó una teología de la negación de Dios ante la hipocresía de la religión humana:

Dios le dice “No” a la cultura discriminatoria, y ofrece un evangelio de reconciliación y aceptación del pecador. Dios es el más grande crítico de toda institución religiosa. Dios es la crisis de la religión, escribía Barth.

Dietrich Bonhoeffer –pastor protestante que se opuso a Hitler y defendía a los judíos- escribió desde su celda de prisión contra toda religiosidad que avala a los sistemas de poder: tenemos que llegar a un cristianismo sin religión.

Cuando Halinisky Sánchez Meneses habla de teofobia, debemos preguntarnos: ¿a qué tipo de Dios se refiere? De la imagen que tengamos de Dios dependerá nuestra teología y nuestro modo de vida. Y, por supuesto, ¿quién no le tendrá miedo a un Dios que manda a matar pueblos en nombre de una ideología o de una institución? Si estos evangélicos carismáticos –y hay que aclarar que no todos ellos tienen esta postura- promueven a un Dios que discrimina, por supuesto los discriminados, es decir los pecadores, que somos el 100% de la población de la tierra, tendremos miedo de ser destruidos por su venganza: habrá efectivamente una teo-fobia (miedo a ese Dios sangriento).

Pero el Dios que proclama una auténtica fe cristiana, el de los profetas y el de Jesús de Nazaret y de Pablo, es un Dios que acepta y justifica a los pecadores, simplemente porque él lo quiso así (Ro 3,23).

En cuanto al punto c, el artículo de Sánchez presupone que hacer críticas a los sistemas religiosos es un matoneo o bullying, e invita a prohibir este tipo de críticas. Pero el mismo artículo de la constitución que él cita, avala la posibilidad de distanciarse abiertamente de estos sistemas religiosos. Pues la libertad de creencia y pensamiento no sólo es positiva sino también negativa. Es decir, las personas están en total disposición de su conciencia de elegir la religión que quieran, pero también están en la libertad de no elegir ninguna religión, incluso de criticarlas a todas.

Nótese que la Ley 1752 de 2015 no solamente sanciona la discriminación por razones religiosas, sino también por ideología política o filosófica, sexo u orientación sexual.

El problema que tiene este tipo de grupos religiosos es que defienden sus derechos pero no aceptan que los demás tengan derechos.

 

 

[1] https://www.las2orillas.co/la-teofobia-colombiana/

[2] http://www.semana.com/nacion/articulo/denucia-contra-el-pastor-arrazola-por-hostigar-comunidad-lgbt/522230