Por Aníbal Torres

“…porque la verdad de la historia

debe ser acunada en la bondad de la memoria”[1]

Como desde hace varios años, el pasado mes de marzo permitió una vez más reparar en importantes acontecimientos históricos de Argentina: el atentado a la Embajada de Israel (ocurrido el 17 de ese mes, en 1992) y el inicio de la dictadura genocida cívico-militar (sucedido el 24 de marzo de 1976).

Por un lado, ante dicho atentado se ha vuelto a señalar que consistió en un accionar criminal contra la sociedad argentina en su conjunto, es decir, no circunscripto a la comunidad judía local, como mal piensan algunos. Por otro lado, la controversia desatada por el propio Gobierno Nacional con su intención inicial de quitarle el carácter de día feriado al 24 de marzo, ha generado nuevos énfasis sobre la importancia de un día dedicado al recuerdo (activo) del inicio de la etapa más oscura de la Argentina contemporánea.

Tanto en un caso como en el otro parece evidenciarse no tanto un problema de reconocimiento de hechos históricos como sí de ejercicio de memoria. Es decir, en nuestro país muchos reconocen el horror del atentado a la Embajada y del terrorismo de Estado ejercido por la última dictadura, pero son menos los que han incorporado estos hechos (y las numerosas víctimas que dejaron) en la memoria, asumiéndolos como propios en la afectividad individual y colectiva.

Con esto retomamos una distinción del historiador Pierre Nora, pero desde la lectura del jesuita Ignacio Pérez del Viso en un marco de reflexión del todo singular: el 1º simposio Internacional de teología cristiana “Holocausto-Shoá. Sus efectos en la teología y la vida cristiana en Argentina y América Latina” (2006)[2].

Según decía Nora, “historia” y “memoria” no deben ser confundidas[3]. Mientras que la primera remite estrictamente a los hechos fácticos en el marco del trabajo científico sobre el pasado, la segunda está en el nivel del recuerdo que una comunidad hace de los mismos. En el sentido pascaliano, sería la contraposición entre los archivistas de la China imperial y los recuerdos legados por Moisés[4]. Ciertamente, podríamos asociar tal esquema con la distinción de Jan Assmann entre “huellas” y “recuerdos”. Mientras las primeras se corresponden con los datos arqueológicos, los segundos remiten al ejercicio de reflexibilidad. Es aquí donde radica lo decisivo para que un pueblo y una cultura no desaparezca y al mismo tiempo, se lea a sí mismo. La complementariedad entre historia y memoria supone un salto cualitativo en el conocimiento: entrar en la dimensión de la búsqueda de la verdad. Sin el impulso de la memoria, la historia no nos interpelaría, no nos impulsaría a la lucha por la justicia.

Retener esto es importante, ya que en este mes de marzo nuevamente se hicieron sentir en todo el país los pedidos de justicia por los crímenes de la última dictadura cívico-militar, exigiendo el avance de los juicios a los genocidas. También, el pedido de justicia atravesó la conmemoración del 25° aniversario del atentado a la Embajada de Israel. Allí se anunció –en palabras de la Vicepresidenta de la República, Gabriela Michetti- la decisión político partidaria en el Senado Nacional de levantar el “secreto de Estado” [5] sobre los atentados a dicha sede diplomática y a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), ocurrido el 18 de julio de 1994.

De concretarse tal acuerdo de legisladores oficialistas y opositores se trataría de un paso importante –incluso a nivel simbólico-, a juzgar por la escasa convicción de las autoridades partidarias y judiciales argentinas de avanzar en el esclarecimiento de dichos atentados y el enjuiciamiento de los culpables.

Ahora bien, podemos preguntarnos si hay puntos comunes entre los hechos históricos referidos. La respuesta está contenida en el título del simposio ya mencionado. Así, “el Holocausto fue y sigue siendo el mayor desafío para reflexionar sobre el tema central de los derechos humanos en nuestros días”[6]. Asumida como “paradigma crítico que obliga a desmontar, a revisar discursos, prácticas y cosmovisiones”, la Shoá tuvo incidencia en las reflexiones y acciones de los organismos de derechos humanos en relación con lo ocurrido en la última dictadura argentina. En palabras del rabino Marshall Meyer: “¡No olviden! Ni la Shoá ni el mini o gran (¡¿quién puede medirlo?!) Holocausto argentino. ¡Les ruego no olvidarlo! Seria blasfemia de primer orden, sería matar a todos de nuevo”[7].

Más aún, el Holocausto, “ejemplo perfecto de matriz memorial”, al decir del propio Nora[8], evidentemente también nos pone en alerta ante las formas de antijudaísmo y antisemitismo en nuestro tiempo. Así, por un lado, hacer memoria del atentando a la Embajada de Israel permite también denunciar el antisionismo, la negación (incluso con la perpetración de actos terroristas) de la posibilidad del pueblo judío de tener un Estado.

Por otro lado, el recuerdo vivo de la Shoá permite interpretar la carga simbólica que tienen, por ejemplo, las repudiables pintadas en cementerios judíos y sinagogas. Como decíamos, es esa memoria la que impulsa a la lucha por la justicia, tal como viene haciendo el abogado Mario Arcusin, cuya tenacidad y convicción logró que en este mes de marzo se realizara el primer juicio en Argentina por pintadas antisemitas en la histórica sinagoga Tfilá L’Moisés (de 1911) y en una delegación de la AMIA, hechos ocurridos el 27 de junio de 2014 en la localidad de Basavilbaso (provincia de Entre Ríos)[9].

Este caso resulta ilustrativo de lo que decíamos más arriba. Muchos reconocieron en lo concreto, histórico, lo ocurrido en Basavilbaso, pero muy pocos lo asumieron en su memoria. Siendo Arcusin activo promotor del diálogo interreligioso desde el arte, no deja de ser alarmante que no haya recibido el apoyo de diferentes ámbitos, en especial el institucional[10], quedando incluso expuesto a padecer amenazas a su integridad física[11].

Al constatar que los mencionados hechos criminales hunden sus raíces en ciertas configuraciones culturales, la propia teología cristiana se sintió interpelada no sólo a hacer memoria “de la Shoá en su significado de destrucción, arrasamiento y aniquilación”, sino también a indagar en “las raíces teológicas que están detrás de lo sucedido”. Así, la realización del mencionado simposio permitió no sólo poner a la teología en su función primigenia de desenmascarar los sistemas opresivos, sino también iniciar un camino de reflexión ecuménica e interreligiosa que fue generando afirmaciones muy valientes[12], como podemos leer en el libro Holocausto –Shoá-. Sus efectos en la teología y la vida cristiana en Argentina y América Latina, de la Confraternidad Argentina Judeo Cristiana, donde se compilan las comunicaciones presentadas en ese encuentro.

Los referidos pedidos de justicia que nos deja marzo y lo señalado sobre el camino de reflexión iniciado con el simposio, nos ponen ante la disyuntiva: ¿dejaremos estos hechos sólo en la historia, sin capacidad operativa sobre nuestro presente y futuro? ¿O los integraremos en el corazón de nuestra memoria? ¿Estamos dispuestos como sociedad a dar ese salto, que en definitiva, es la condición de posibilidad para exigir verdad, justicia y paz?

Ante la cercanía de la Pascua cristiana y el Pésaj judío, también podemos preguntarnos: ¿qué aportan estas celebraciones a la sociedad democrática y postsecular? Judíos y cristianos hacen fiesta por el pasaje a un nuevo modo de vivir, “Pascua de la historia, en tensión hacia el futuro, para los judíos; Pascua realizada en la muerte y resurrección de Cristo, para los cristianos, pero siempre en espera de la consumación definitiva”[13]. En ambos casos se hace una memoria[14] de liberación. No será poca contribución si ambas celebraciones ayudan a que la sociedad también haga un pasaje: de la historia sin memoria a la historia con memoria, de aquello que nos resulta lejano y en cuya facticidad creemos (a veces a medias), a aquello que pasa a formar parte de nosotros y nos mueve a los esfuerzos por la paz y la justicia. Que sea de ayuda en esta tarea de toda la sociedad, el legado y testimonio común de judíos y cristianos, cuyo “diálogo (…) nos permite reconocer mejor que el Creador nos ofrece su gracia y requiere que cooperemos comunitariamente para enfrentar las fuerzas del mal que atentan contra la dignidad humana. […] Teniendo en cuenta las frecuentes violaciones a los derechos humanos en nuestra patria y en América Latina, creemos que el mismo Dios –Bendito sea– nos llama a una reflexión y cooperación permanente en orden al nacimiento del mundo nuevo de fraternidad, de justicia y de paz que traerá el Mesías cuya venida o retorno esperamos”. ¡Feliz Pascua! Pésaj Sameaj!

 

 

 

[1] Pérez del Viso, Ignacio (2007), “La Shoá, ¿memoria o historia?”, en CAJC, Holocausto –Shoá-. Sus efectos en la teología y la vida cristiana en Argentina y América Latina, Buenos Aires, Edit. Claretiana, p 103.

[2] Realizado del 15 al 17 de mayo de 2006, el simposio estuvo convocado por la Confraternidad Argentina Judeo Cristiana (CAJC), la Facultad de Teología de la UCA (católica) y el Instituto Universitario ISEDET (protestante) y se realizó en el Palacio San Martín de la Cancillería Argentina, ámbito brindado por la Secretaría de Culto de la Nación, co-organizadora del encuentro.

[3] Se puede consultar http://www.lanacion.com.ar/788817-no-hay-que-confundir-memoria-con-historia-dijo-pierre-nora

[4] “¿Quién es más creíble de los dos: Moisés o China?” En Pascal, Blas, Pensamientos, nº 593.

[5] Se puede leer http://www.telam.com.ar/notas/201703/182828-senado-desclasificacion-comision-bicameral-atentados-embajada-israel-amia.html

[6] Pawlikowski, John (2007), “Holocausto: sus desafíos para comprender la responsabilidad humana”, en CAJC, Holocausto –Shoá-. Sus efectos en la teología y la vida cristiana en Argentina y América Latina, Buenos Aires, Edit. Claretiana, p. 29.

[7] González, Marcelo y Hojman, Andrea (2007) “Una matriz antijudía y antisemita en redes católico/romanas argentinas”, en op. cit., pp. 169 y 143.

[8] Remitimos nuevamente a http://www.lanacion.com.ar/788817-no-hay-que-confundir-memoria-con-historia-dijo-pierre-nora

[9] Agradezco a  Mario Arcusin y a Ignacio Rullansky por la generosidad de atender las consultas para la realización de este escrito. Se puede leer también http://www.diarioelargentino.com.ar/noticias/173496/En-Entre-R%C3%ADos-se-har%C3%A1-el-primer-juicio-por-una-pintada-antisemita.

[10] Por ejemplo, el escaso acompañamiento de parte de la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas), institución muy activa en la capital del país.

[11] Si bien el 15/03/2017 el Tribunal absolvió al acusado de las pintadas, el Dr. Arcusin recurrirá en Casación al Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos, y en caso de no obtener allí un fallo favorable, llevará el caso ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

 

[12] Como los puntos 6 y 7 de la Declaración final del simposio: “6. (…) estamos persuadidos de que los teólogos deben reexaminar críticamente el conjunto de sus propias tradiciones a la luz de la Shoá. La teología tiene que preguntarse de qué manera las raíces teológicas de este hecho siguen presentes, y poner todo su empeño en extirparlas, para que de ningún modo alguien pueda fundamentar su antijudaísmo en una supuesta doctrina cristiana, y para que cualquier cristiano que escuche afirmaciones antijudías pueda reaccionar enérgicamente. En el caso contrario, los teólogos se vuelven cómplices de quienes toleraron el nazismo o de quienes siguen creyendo que la fe cristiana y el antijudaísmo son compatibles. 7. Es necesario que se afirme que después de Jesús el pueblo judío, en su realidad histórica y religiosa concreta, en la actualidad y en todo tiempo, tiene una misión irremplazable, y que los cristianos están necesitados permanentemente del aporte del judaísmo” (17/05/2006).

[13] “Sin prejuicios, sin ofensas” (1995), en Braun R. y Santagada O.(comps), Los Judíos y el judaísmo en la enseñanza católica contemporánea, Criterio-Paulinas, Buenos Aires, p. 40.

[14] A nivel teológico, “el concepto cristiano de anámnesis coincide con la interpretación judía de zikkaron (recreación conmemorativa)”. En “El amor de Dios permanece para siempre”, op. cit., p. 68