Por Francisco J Concepción

Mucho se ha hablado en estas semanas del ayuno proclamado por la Cámara de Representantes de Puerto Rico y la actitud desafiante de su presidente Johnny Méndez. Dicho ayuno fue proclamado por el presidente de la Cámara de Representantes al inicio de la semana del miércoles de cenizas y coincidirá con la celebración de la cuaresma católica. Desde la victoria del Partido Nuevo Progresista (PNP), partido que promueve la anexión de Puerto Rico a los Estados Unidos como el estado número cincuenta y uno (51), el sector conservador del protestantismo más activo de la isla ha vuelto a participar de su contubernio con el poder. Como parte de las políticas promovidas por ese sector evangélico se ha eliminado la perspectiva de género del departamento de educación de Puerto Rico y se ha comenzado una nueva embestida contra los derechos de las comunidades LGBTT.

Ese sector religioso que usualmente se alía al anexionismo puertorriqueño es conocido como el sector religioso en la prensa puertorriqueña a pesar de que realmente representan una fracción mínima del protestantismo local. Cuando recientemente Franklin Graham, un predicador conservador que ha apoyado las políticas racistas de Donald Trump sobre inmigración, visitó la isla las iglesias Bautistas, Metodista y Discípulos de Cristo retiraron el apoyo a dicha actividad llamada el Festival de la esperanza. Esta ruptura señala la división que existe dentro del sector protestante entre evangélicos que se han alineado con las políticas conservadoras de un sector religioso supremacista blanco de Estados Unidos y el protestantismo histórico que se ha sabido separar del mismo.

En el caso de Puerto Rico el sector evangélico conservador identificado con el anexionismo político ha tendido a promover políticas en violación de la separación de iglesia y estado desde la década de los noventa. Recientemente una senadora perteneciente al PNP desafió dicha separación haciendo oraciones en una sala de vistas del senado y otro sector ha promovido la celebración de misas dentro del capitolio para celebrar el miércoles de ceniza.

Luego de que la organización Humanistas Seculares radicara una demanda en el Tribunal de San Juan, pidiendo que se detuviera la proclama del ayuno promovido por la Cámara de Representantes, el presidente de la Cámara, Johnny Méndez, dijo al ser cuestionado sobre la posible violación de la separación de iglesia y estado, “Hasta donde yo sé, el escudo de Puerto Rico tiene el cordero que representa a Jesucristo sobre una Biblia. Esa es nuestra fe”. La declaración del legislador pone en evidencia que la intención al decretar un ayuno de 40 días es la de imponer la fe cristiana, en su versión católico-romana, a la ciudadanía. Lo paradójico de esta situación es que Méndez cuente con el apoyo de varios sectores fundamentalistas, pentecostales y otros, en su aventura de imponer el catolicismo a los puertorriqueños.

La proclama de los 40 días de oración y ayuno del presidente de la Cámara sigue una larga tradición donde es el estado, como garante de la fe del pueblo, el que hace las proclamas religiosas referentes a las peticiones de perdón a Dios. El ayuno se legisla en la tradición bíblica en el libro del Levítico, capítulo 16, versículo 29 donde se prescribe el mismo como práctica de expiación establecida por el estado, por la ley, por el gobierno. En este sentido la práctica fue originalmente controlada por el estado, como ahora pretende hacerlo Johnny Méndez. Pero la tradición de los 40 días, que corresponden a la cuaresma de la tradición católica, se impuso mucho después cuando la liturgia cristiana fue establecida para el siglo quinto o sexto. La iglesia católica romana es la que estableció, por medio de su poder temporal, la norma de los cuarenta días desde la semana del miércoles de ceniza hasta la fiesta de la resurrección el sábado de gloria. Esta tradición es fundamentalmente católica, ahora defendida por sectores protestantes y fundamentalistas en violación de la separación de iglesia y estado.

Los cuarenta días, tal y como han sido legislados simbólicamente por Johnny Méndez, son el recuerdo de dos tradiciones bíblicas que han sido interpretadas por la tradición católica. La primera es la tradición de los 40 años del pueblo de Israel vagando por el desierto, la segunda es la tradición evangélica del ayuno de Jesús en el desierto por cuarenta días. Ambas tradiciones son parte de las prácticas litúrgicas cristianas, principalmente católicas, y bajo ninguna circunstancia pretenden, ninguna de las dos, ser tradiciones inclusivas o inter-religiosas. En el número 540 del catecismo de la Iglesia Católica, el legado más palpable del intento de Juan Pablo II de regresar a una fe medieval y extremadamente excluyente, establece que “La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto.” Este dato no deja dudas de que la tradición religiosa que se está impulsando por medio de la proclama de un ayuno oficial es el cristianismo y de tradición católica.

No es posible elaborar un argumento a favor del carácter inter-religioso de la proclama del ayuno de Johnny Méndez porque los fundamentos de la celebración asumida por el legislador están en la tradición católica tal y como ha sido interpretada por la jerarquía de la iglesia católica. Esta tradición, no inclusiva y no inter-religiosa, representa un desafío a la naturaleza de la democracia liberal que impera en nuestro sistema de gobierno. Si permitiéramos que Johnny Méndez impusiera su fe a la ciudadanía, por medio de la proclama estatal y oficial de un ayuno cuaresmal católico, entonces no habría manera para evitar que en el futuro se pretendiera legislar basados en dichas creencias o dogmas.

Sólo imaginen una legislatura dominada por sectores pentecostales fundamentalistas tratando de legislar según el levítico en nuestro país. Por ejemplo sería una afrenta que esos sectores pudieran imponer sus creencias como dogmas oficiales del estado, tal y como lo ha hecho Johnny Méndez, a partir de la norma establecida en Levítico 20, versículo 6 donde se prohíbe el consultar adivinos y el que lo haga “yo volveré mi rostro contra él y exterminaré de en medio de su pueblo”, dice Dios. Por lo tanto este sector, legislando como pretende Méndez, podría prescribir el exterminio físico, es decir el asesinato, de una persona por haber consultado a los adivinos. Me pregunto si esta norma aplica a las consultas que hacen los creyentes a sus pastores o reverendos que pretenden tener el don de la profecía.

Isaías ha proclamado cual es el ayuno que agrada a Dios, “El ayuno que a mí me agrada es que liberen a los presos encadenados injustamente, es que liberen a los esclavos, es que dejen en libertad a los maltratados y que acaben con toda injusticia; es que compartan el pan con los que tienen hambre, es que den refugio a los pobres, vistan a los que no tienen ropa, y ayuden a los demás.” Nada de eso está haciendo Johnny Méndez, que practica un ayuno como el que su Dios rechaza, al menos eso dice Isaías, “En el día de ayuno ustedes hacen negocios y maltratan a sus trabajadores… Ese tipo de ayuno no me agrada para nada”. Obviamente Johnny Méndez no ha leído estos textos donde su legislación laboral no es el ayuno que agrada a Dios, pero eso es lo que practican.

No hay duda de que el ayuno proclamado por Johnny Méndez debe ser rechazado por ambas vías, la legal por ser una violación crasa a la separación de iglesia y estado, y por la religiosa porque simplemente es una violación del ayuno que agrada a Dios. Y si eso no es suficiente Jesús, a quien dicen seguir, dijo “Cuando ustedes oren, no sean como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres.”