Por Ariel Corpus

Según la filosofía legarretariana, la asunción al poder de Donald Trump no nos afecta a los mexicanos porque no somos “gringos”. No obstante, más allá de los círculos donde se mueve la importante economista de la modernidad televisiva, hay una preocupación latente por la política interna y externa de quien gobierna al país más influyente del orbe.

Los pronósticos sobre la política de Trump han hecho correr ríos de información, incluso antes de tomar la batuta de Estados Unidos. Esto ha aumentado a unos días de que se estableció como presidente, al grado de que los medios de comunicación han prestado mayor interés en las preocupaciones del futuro, que en el análisis de los resultados de la administración del “Premio Nobel de la Paz”, Barack Obama.

En lo que respecta a esta columna, la religión y su incidencia en lo público, Trump puso “sus cartas sobre la mesa” el pasado viernes en el Capitolio. El nuevo inquilino de la Casa Blanca se arropó en la tradición judeocristiana tanto para legitimar su nuevo puesto de trabajo, como para establecer su postura del mundo que él desea.

Quizá para el grueso de la población mexicana resultó extraño ver una juramentación política sobre un símbolo religioso, la Biblia. En un país laico como México es justo lo que se busca evitar, pero lo cierto es que para la política norteamericana es de lo más habitual. De igual modo, mucha gente se preguntará quiénes son los oradores que invitó Trump. A modo de ejemplo, Paula White ligada a las corrientes del “evangelio de la prosperidad” y Franklin Graham, uno de los más influyentes pastores representantes de la derecha evangélica norteamericana.

La primera, una influyente pastora pentecostal, es quien le susurrará al oído del mandatario como su consejera espiritual. Trump recurrirá a ella cuando tenga dudas si lo que hace es aprobado por dios. El segundo, Franklin, hijo del “legendario” evangelista Billy Graham, es una figura conocida en el ambiente religioso mundial. En su país fue consejero de George W. Bush, estuvo a favor de la invasión en Irak, y su postura contra del islam es radical: en un momento la consideró una religión perversa y de odio. A ello se suman las controversias con Barack Obama, primero por su “herencia musulmana” y después por su posición a favor del matrimonio igualitario. Ya ni para qué señalar su opinión sobre los mormones, a quien los catalogó como una secta.

Donald le debe en buena parte su triunfo a las relaciones y negociaciones que en su campaña hizo a los evangélicos conservadores. No es extraño, desde tiempo atrás es conocida la filiación religiosa de Trump: un presbiteriano perteneciente a una de las alas de esta tradición reformada. La llegada a la presidencia de Trump ha traído a la escena los acuerdos políticos con la religión, en particular con algunas iglesias que han aprovechado su capital político para buscar incorporar su agenda de temas en la política pública.

Hasta aquí se le podría dar razón a la importante librepensadora aludida al inicio de este texto. Empero, resulta que la cobertura televisiva de tan importante evento también ha causado resonancias tanto en la patria grande –Latinoamérica–. Sin duda, a más de uno le “brillaron los ojos” con las palabras de los oradores, sus mensajes, su retórica, los textos, imágenes y referencias bíblicas usadas.

Con prontitud, el reconocido pastor argentino Dante Gebel que tiene un importante ministerio hispano en EUA –que dicho sea de paso, este mes estará en México– se congratuló del retorno de “los Graham” a la Casa Blanca. Tal aseveración no sólo alude a un personaje, Franklin, sino también a una política de la fe que marcó la agenda de los evangélicos desde la guerra fría: un anti-comunismo y a todo lo que tenga tintes de izquierda, o en síntesis, a cualquier otra forma de convivencia humana.

Está por verse si en materia religiosa el efecto Trump le da la razón a Legarreta (2016), sobre todo en un contexto donde la derecha católica y los persuadidos evangélicos han revelado con claridad su agenda de interés público. Si bien muchas de las razones que se generan desde el ámbito de la fe pueden ser válidas para quienes las profesan, el problema latente es cuando sobrepasan los muros de las instituciones religiosas y se trasladan al ámbito de las decisiones públicas.

* Nota: a inicios del año 2016 la conductora de televisión Andrea Legarreta junto con su compañero Raúl Araiza, hizo un comentario a nivel nacional en un programa matutino sobre los cambios económicos a nivel mundial, y en particular sobre el dólar: “no porque sube el dólar sube el precio de todo lo que las familias consumimos” (https://www.youtube.com/watch?v=8xWnwUuq8Pk). A partir de ahí ha sido objeto de críticas y sátiras por sus comentarios como “economista”. En esta columna, se retoma con humor.