Por Daylins Dufin Pardo

Saber es poder. Este proverbio, de tan extendido, nos cuenta a la gente de mi isla casi como una verdad de perogrullo que se cita y aplica en disímiles momentos del diario vivir; sin embargo, el hecho de mencionarlo ahora tiene como objetivo el referirnos a un tema muy particular, aquel de la educación religiosa en Cuba, instancia donde dada nuestra tradición y otras particularidades históricas, saber y poder, sin duda, se entrecruzan y se vuelven también claves de lectura de nuestra realidad como creyentes cubanos.

Para aproximarnos a este fenómeno queremos comenzar por observar ¿Qué espacios formales y sistemáticos de educación religiosa existen ahora? ¿Cuáles de educación interreligiosa? ¿Cómo impactan sus concepciones y dinámicas la relación entre fe, sujetos de fe, y sociedad? El abordaje de estas interrogantes servirá para pro-mover esta y nuestra siguiente reflexión.

Cuando de referirse a la educación religiosa ecuménica se trata es inevitable no tomar como punto de partida la impronta del Seminario Evangélico de Teología (SET) de Matanzas. Esa institución que durante recién cumplidos 70 años ha estado al servicio de la educación teológica cubana fue fundada primeramente por las Iglesias presbiteriana y metodista, uniéndose unos años más tarde la Iglesia Episcopal y más recientemente (2015) – después de la salida oficial de esta última denominación en el año 2005- las iglesias de los hermanos Cuáqueros y la Fraternidad de Iglesias Bautista de Cuba (FIBAC)

A pesar de la diversidad que reflejan estas filiaciones per se, cabe decir que la propuesta formativa que dicha institución ha promovido hasta hoy no se ha restringido a estas denominaciones en particular, sino que ha acogido y aún acoge a estudiantes de otros grupos y espiritualidades, algunos de tradición más sostenida en la praxis religiosa cubana como por ejemplo las Asambleas de Dios, y otros vinculados incluso a los llamados nuevos movimientos religiosos como la Nueva Iglesia Mundial del Cristo, por solo mencionar algunos de los más sostenidos y empáticos con este tipo de propuesta formativa.

El hecho de que exista un espacio como este, no ha derogado, por supuesto, la existencia de otros seminarios o proyectos formativos por parte de otros grupos de fe. Las Iglesias católico- romanas , las convenciones bautistas occidental y oriental y la propia iglesia metodista por solo mencionar algunas , han funcionado con una dinámica educativa y seminarios propios , a veces abierta a otros públicos de fe, como en el caso sobre todo de esta primera; pero a veces totalmente cerrada no solo a otros públicos meta, sino también a otros contenidos novedosos, más abiertos y cuestionadores- en el sentido educativo más noble- de un tipo de legado teológico y cultural.

Uno de los rasgos principales que caracteriza nuestra realidad ahora es esa tensión, a veces poco o nada dinámica, entre un poder que puede apoyar con recursos e infraestructura novedosos proyectos educativos disímiles y un núcleo de saberes que está decidido a socializar desde sus espacios en detrimento de otros de “ nuevo tiempo”.

Este fenómeno no es solo una problemática que hace parte del fenómeno de los llamados fundamentalismos, sino que en nuestro caso específico está traspasado también por la herencia cultural colonial que aún nos circunda e invade de muchos modos.

A propósito de esto refiere el Dr. Reinerio Arce:

“Hoy día se incrementa el flujo de materiales hacia la Isla, traídos por cubanos que visitan iglesias en Estados Unidos, o por miembros de iglesias o grupos religiosos en los Estados Unidos que vienen a la Isla. Muchos de estos materiales que ya desde hace algún tiempo estaban entrando en pequeñas cantidades ahora fluyen y se distribuyen en grandes cantidades. Con teologías y lecturas bíblicas fundamentalistas, con consejos para la vida cristiana que no tienen nada que ver con nuestra cultura y tradiciones, y que además no tienen relación alguna con un cristianismo liberador que promueve la vida, el respeto y la igualdad entre todos los seres humanos. Lo lamentable, al mismo tiempo, es que intentan utilizar estructuras eclesiales y ecuménicas como canal para la entrada y distribución de los mismos” [i]

Asimismo, recalcó este teólogo cubano que “están llegando videos de predicadores y cultos que ajenos a la verdad del Evangelio que hemos proclamado en Cuba durante todos estos años, se presentan en franco antagonismo con nuestra cultura y nuestra manera de ser como cubanos. Todo esto está sucediendo a un mismo tiempo (…) y lo más peligroso de esta realidad es que, en muchas ocasiones los hermanos que vienen y traen todos estos recursos lo hacen de forma ingenua creyendo que con ello están ayudando a las iglesias en el país. No son capaces de discernir que de alguna forma se están convirtiendo en instrumentos conscientes de la neocolonización”[ii]

Así vivimos en este desafío, que es solo uno de tantos. Paradójicamente se cumple por omisión la señalada prescripción de no verter vino nuevo en odres viejos.

Lo que no deja de resultar curioso es que algunos de los seminarios denominacionales (como el de los Adventistas del Séptimo día, por sólo citar uno de ellos) a pesar de poseer programas formativos pensados y orientados solo para la realidad de sus fieles, también han promovido la vinculación de los mismos a este espacio ecuménico por excelencia que constituye el Seminario Evangélico. Espacio que por demás, acoge un programa muy peculiar y único como el instituto de ciencias de la religión de la Habana, donde el espectro religioso se amplía dentro del oikos de esta isla a personas de otras fes, espiritualidades e incluso no creyentes y ateos confesos.

Un verdadero laboratorio de convivencia y aceptación tiene lugar en cada uno de los programas de estudios donde la diversidad lleva las pautas. Esto plantea desafíos que impactan nuestras concepciones culturales de todo tipo. La prosecución de una cultura de relación entre sujetos diferentes y una cultura de paz entre las Fes y religiones son en sí mismo beneficios añadidos a los que ahora asistimos como personas de fe en nuestro país. El saber que podemos hacerlo, es un primer poder con el que ya contamos.

[i] “Los nuevos desafíos de la sociedad cubana actual”. Conferencia presentada por el DR. Reinerio Arce Valentín en el marco del 70 Aniversario del Seminario Evangélico de Teología de Matanzas, el pasado 2 de octubre del 2016

[ii] IDEM