Por Daylíns Rufín Pardo

Cuba es un “ajiaco”, así la definió el antropólogo y etnólogo cubano Fernando Ortiz refiriéndose a ese artificio culinario tan presente en medio nuestro, cuyo caldo acepta casi de todo (viandas, carnes, especias) pero adquiere un sabor y textura bien único y muy particular. Pese a los tantos debates que ha suscitado desde entonces la susodicha afirmación hay una realidad ineludible: somos en mucho como el ajiaco, y esta realidad de fusión, de imbricar creativamente y de resignificar alcanza también a nuestras prácticas religiosas. Baste notar lo que sucede en nuestra isla sobre todo en el mes de septiembre, un mes donde por excelencia se festejan a nivel litúrgico oficial, pero también a nivel religioso popular, diversas advocaciones de la Virgen María.

Nuestra advocación mariana más popular es la de la caridad del Cobre, que se corresponde con la aparición de la Virgen a unos pescadores en el oriente del país. Mucho se ha debatido sobre la fecha exacta de dicha manifestación, pero sí es comprobable que el 24 de septiembre de 1915 un grupo de blancos, negros y mulatos de diferentes estratos sociales se unieron para pedir el reconocimiento canónico de la misma, resultando que el 10 de mayo de 1916, bajo el mandato del papa Benedicto XV, este Sumo Pontífice la declare Patrona de la República de Cuba. No fue, sin embargo, hasta el 20 de Diciembre 1936 que la imagen fue coronada como canónica en la alameda Michaelsen de Santiago de Cuba, por Zubizarreta, arzobispo de aquel entonces; lo cual por decisión papal ocurrió en medio de un congreso eucarístico.

Otras acciones han ido identificando la devoción y cuidado a esta figura en medio del pueblo cubano, por ejemplo en el 1982 se sustituyó su traje de oro y plata por uno donde puede verse nuestro escudo nacional con las seis antiguas provincias. En 1998, el sábado 24 de enero, el papa Juan Pablo II coronó personalmente a la Virgen y al niño, colocando un rosario de oro y perlas en la mano derecha de la imagen. Y más recientemente, en el año 2012, Benedicto XVI trae una Rosa de Oro para que acompañe la figura de la Virgen.[i]

Estas acciones papales asociadas a sucesos que fueron únicos e impactaron el imaginario de un país que por su devenir político – ideológico adoleció por mucho tiempo de una adecuada estimación y proclamación de lo religioso, también hicieron posible el imbricarse de manera más permisiva y accesible a estas devociones , festejos y prácticas en el imaginario social. Añádase, además, la particularidad que poseen en Cuba algunas religiones cubanas de origen africano como la Santería o Regla de Ocha que, a fuerza de sobrevivir como una práctica no censurada por la dominación colonial y su referente católico romano, sincretizó a sus deidades con estas imágenes , asumiendo, en la mayoría de los casos, el mismo día para las festividades. Así, el 8 de Septiembre, en Cuba se festeja a la caridad del Cobre y a Ochún, el 7 de Septiembre a la Virgen de Regla, Yemayá y el 24 de Septiembre a la Virgen de las Mercedes, también Obatalá, lo cual hace que a nivel de misas y masas, una gran cantidad del pueblo explícitamente cubano se sume a expresiones y celebraciones de fe, diversas, pero unidas en una misma “olla común” de ajiaco.

Cabría además, hacer notar, que tales devociones y festejos no son propios de personas explícitamente religiosas. El impacto socio-cultural de estas prácticas alcanza a diferentes públicos: personas que no se han bautizado o iniciado en ninguna religiosidad asociada a las mismas, pero que sin embargo hacen alguna promesa o tienen algún signo den gratitud o empatía, desde poner flores hasta vestirse de amarillo, azul o blanco, según sea la advocación de la Virgen que se celebra. Personas que profesan otro tipo de fe. Por ejemplo, en la comunidad en la que sirvo como pastora bautista en la Habana, hay personas nacidas antes del triunfo de la revolución que casi heredaron el catolicismo como el lenguaje. Estas, pese a ser bautistas bautizados y confesos, asisten a los santuarios y se suman a otros festejos especialmente en este mes, porque así lo hacían sus abuelos, o sus padres y ellas mismas antes de madurar y decidir a través de qué expresión cúltica querían celebrar su fe. Y esto no es un fenómeno propio de nuestra iglesia local, sino de otras comunidades protestantes del país.[ii]

Por último, vale decir que el crecimiento de estas devociones expresado en los festejos que toman lugar sobre todo en este mes, no sólo han aumentado profusamente en las dos últimas décadas como parte de la explosión religiosa en Cuba, sino que quizás por su concepción histórico-cultural se han expandido a otros lares. Es común ver extranjeros en estas procesiones, fiestas, misas. No es extraño también que cubanos esparcidos por el mundo, así como gente de otras latitudes, se sume desde su rincón del planeta a esta fe, y sus recuerdos.

Y ¿qué pide la gente? Eso estaremos observándolo en un próximo artículo.

[i] Véase: Olga Portuondo Zúñiga, La virgen de la caridad del cobre, símbolo de cubanía, Editorial Oriente, Santiago de cuba, 2011

[ii] Para ahondar en este tema véase el trabajo de Luis Carlos Marrero Chasbar, DE CÓMO YAHVÉ, KRISHNA, YEMAYÁ Y ÑANDERÚ SE CONOCIERON.La doble pertenencia religiosa como desafío al Cristianismo en Cuba, En: VII Encuentro internacional de Estudios socio-religiosos- CD. 2016