Por Anibal Torres

Existe una equívoca impresión de que el diálogo ecuménico e interreligioso sólo es una exigencia al nivel de los líderes religiosos entre sí y con las autoridades gubernamentales. Si bien la formulación e implementación de políticas públicas (por ejemplo en lo que hace al debate por el régimen de libertad religiosa) abren paso al involucro activo de las cúpulas dirigenciales, es negativo comprender ese diálogo sólo al máximo nivel institucional, como si los miembros de las propias comunidades religiosas no tuviesen nada para aportar en dicho camino de encuentro y amistad social.

Por supuesto que esta es una cuestión que toca diferentes aspectos, como pueden ser a) el tipo de vínculo representativo entre quienes ejercen funciones de liderazgo en las diferentes confesiones y los miembros de éstas, b) el grado de adhesión de estos integrantes a los posicionamientos adoptados por sus dirigentes religiosos o por el propio Estado en materia de derechos humanos, c) el curso que toman las reflexiones de las propias comunidades, y d) el tipo de relación (de cooperación o conflicto) que se da entre cada ética religiosa y la ética pública.

En Argentina puede decirse que el diálogo ecuménico e interreligioso ha logrado notables niveles de institucionalización, al punto de ser apoyado por el propio Estado laico, que lo visibiliza en su ceremonial, según se comentó en entradas anteriores. Sin embargo, a nivel de la sociedad en general, el fenómeno parece ser más difuso, encontrando dispar interés al interior de las propias comunidades.

No obstante, y a los efectos de hacer un primer abordaje de la temática que nos ocupa, son de destacar algunos espacios de diálogo que paulatinamente se han ido generando en Argentina, constituyendo una suerte de “focos de conciencia” (Scannone, 2010) ecuménica e interreligiosa que iluminan no sólo a miembros de las comunidades de fe sino también a otros sectores de la sociedad.

Uno de estos “focos” es el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH) surgido en 1976, poco antes del golpe de Estado. Con referentes como el obispo metodista Federico Pagura y monseñor Jorge Novak, El MEDH se constituyó en uno de los organismos que mayor reconocimiento obtuvo, dada su abierta denuncia del terrorismo de Estado y la defensa de los derechos humanos con perspectiva ecuménica, tanto en la última dictadura como en democracia, promoviendo actividades educativas y erigiendo un importante centro de documentación.[1]

Ya en el inicio del siglo XXI apareció el Consejo Argentino para la Libertad Religiosa (CALIR), comprometido activamente con la sanción de un marco jurídico para garantizar plenamente el derecho humano a la libertad religiosa, siendo algunos de sus fundadores los ex Secretarios de Culto de la Nación, Ángel Centeno y Norberto Padilla. Desde este espacio se han venido realizando encuentros, tareas de asesoramiento legislativo y de defensa jurídica ante ataques a las comunidades religiosas.[2] También cabe destacar la labor realizada por el Comité Interreligioso por la Paz (COMIPAZ), surgido en la provincia de Córdoba, con referentes como el Sheij Mouniff Hasan El Sukaria y el rabino Gabriel Frydman. Desde este  ámbito se han venido impulsando proyectos en materia educativa, congresos y la participación de actos públicos, incluyendo oraciones interreligiosas.[3]

En 2005 se constituyó formalmente el Instituto para el Diálogo Interreligioso (IDI), promovido -entre otros- por el sacerdote Guillermo Marcó, el rabino Daniel Goldman y Omar Abboud, desde donde se ha venido trabajando por el entendimiento entre las diferentes comunidades de fe, denunciando el fundamentalismo religioso y realizando además actividades culturales en articulación con ámbitos gubernamentales y educativos.[4]

En el ámbito académico cabe destacar la creación en 2015 del Grupo de Trabajo “Teología, Ética y Política” dentro del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), coordinado por la teóloga Emilce Cuda. Este espacio posee una perspectiva interreligiosa, interdisciplinaria e internacional y apunta a contribuir tanto con el fortalecimiento disciplinar de las áreas que lo componen como con la formulación de políticas públicas para el desarrollo de Argentina y demás países de Latinoamérica.[5]

Las experiencias aquí referidas se caracterizan por su incidencia pública, sea en la calle, las agencias estatales o la universidad. Las mismas señalan que el diálogo ecuménico e interreligioso constituye un valor en sí mismo al tiempo que conforma un ámbito propicio para generar articulaciones con otros sectores sociales en el trabajo mancomunado por la paz, la justicia y la solidaridad. El régimen democrático, marco de realización de los derechos humanos, recibe así la contribución de estos “focos de conciencia”.

[1] Ver más en http://www.derechos.net/medh/index.html

[2] Se puede consultar http://www.calir.org.ar/home.htm

[3] Ver más en https://comipaz.wordpress.com/

[4] Se puede consultar http://www.dialogointerreligioso.org/page/details/185/mision-del-instituto-de-dialogo-interreligioso

[5] Ver más en https://www.clacso.org.ar/grupos_trabajo/grupos_de_trabajo.php