Por Ariel Corpus

El debate en torno al matrimonio igualitario entre personas del mismo sexo ha generado diversas opiniones en la esfera pública, tanto en los malquerientes del Estado laico como entre la amplia comunidad que se encuentra a favor de los derechos de las minorías sexuales. Sin duda es ponderable que en el ejercicio democrático diversas voces y posturas puedan ser escuchadas y consideradas como parte de la discusión. Sin embargo, en este caso los argumentos no invitan al diálogo, pues mientras unos procuran la defensa de los derechos, otros apelan a la restricción de los mismos y pretenden así perpetuar su modelo de vida como el único válido.

Esta pugna tiene diversas consecuencias más allá de los meros formalismos del lenguaje, ya que los discursos que han tenido lugar no se sitúan en un vacío histórico, sino que provienen de un lenguaje beligerante. Los tonos del discurso cambian, se tornan agresivos y se genera un escenario complicado para propiciar algún buen acuerdo político y disuadir así cualquier potencial conflicto entre los implicados.

Por lo anterior, no hay que perder de vista a Clio, la musa quien con su susurro al oído recuerda que este lenguaje ya se ha escuchado antes, y que en esos discursos están las resonancias de la derecha más ultraconservadora, la misma que nunca ha dejado su agenda desde 1929, y que ahora pretende mediante instancias civiles y/o ciudadanas frenar iniciativas de inclusión social, desde luego con el respaldo de la jerarquía católica y una turba de evangélicos persuadidos.

No es para menos, el retorno de la derecha al escenario internacional es un hecho latente. En el ámbito religioso-político no todo se trata del islam radical, también está presente en el confesionalismo católico de Nicolas Sarkozy en Francia, en la bancada evangélica que impulsó el impeachment contra Dilma Rousseff en Brasil, en el discurso racista Donald Trump, o bien en la política neoliberal de Marucio Macri en Argentina, entre otros ejemplos.

En la patria chica resulta aún más preocupante la re-confesionalización de la clase política mexicana mediante su cercanía con el clero en clara distancia con la sociedad. Ejemplo de ello fue el “Foro Nacional: Iniciativa Ciudadana por la Vida y la Familia”, realizado en primeros días de agosto, y que reunió a representantes públicos de distintas corrientes partidistas, organizaciones y ministros religiosos quienes aprovecharon el espacio para delinear su postura en torno al matrimonio igualitario. En esta tribuna, tanto ministros como funcionarios públicos defendieron “los valores de la familia tradicional”, y en una fiel imagen orwelliana, dejaron de distinguirse entre unos y otros.

No es para menos, el retorno de la derecha tiene actores centrales. Los mismos que no ha dejado su agenda de “reconquista” de un México que se diversifica cada vez más en materia religiosa, los mismos que tejen alianzas con la clase política para tener coparticipes de su labor, los mismos que mediante una agenda moral tratan de imponer sus valores frente a una sociedad plural y cambiante, los mismos que hacen modifican su imagen, pero que en el fondo son iguales.

En esta coyuntura la derecha católica no dejará su discurso beligerante, incluso ya ha convocado a un par de marchas en el mes de septiembre para protestar frente a estas iniciativas, y así “defender a la familia”. A ello seguramente se sumarán algunas minorías religiosas persuadidas por el propio discurso, pues qué más da un contingente de “hermanos separados”.

De igual modo, en esta situación queda la pregunta por el papel que desempeña el Estado, dónde está quien pone las reglas del juego, dónde está quien debe hacer valer la Constitución, dónde está quien debe sancionar los discursos homofóbicos, dónde está quien debe apelar por los acuerdos para evitar el potencial conflicto. Su silencio sumado a la re-confesionalización de la clase política y al distanciamiento con la sociedad, se vuelven cómplices del retorno de la derecha, y no cualquiera, sino la más beligerante. Ojalá que la administración federal pueda mover las piezas del rompecabezas y que este tema no se salga de las manos.