Por Ariel Corpus

Desde la década de los cincuentas del pasado siglo, en México se ha observado un proceso de diversidad religiosa, mismo que se hace evidente en la gradual disminución de la población que se adscribe a la religión católica y al crecimiento de diversas minorías religiosas, e incluso de aquella población que se denomina “Sin religión”. Mientras que de 1950 al 2010 la población católica ha pasado de 98.2% a 82.9%, el porcentaje de la población con una religión distinta aumentó de 1.8% a 7.9%; a su vez, la población que no se identifica con alguna religión ha transitado de 2.3% a un 4.6% en periodo indicado.

No obstante, si bien los porcentajes revelan un gradual cambio en las preferencias religiosas, las formas de religiosidad que desafiaron el monopolio católico son parte de procesos históricos que devienen al menos desde el siglo XIX y que han coadyuvado a la conformación de un campo religioso plural, dinámico y, sobre todo, con matices que enriquecen el mismo campo.

Tal pluralidad de matices se puede observar en las diversas esferas en que las organizaciones religiosas tienen intereses y/o relaciones de incidencia pública. Se observa en el ámbito político cuando se trata de defender “los valores”, donde los grupos conservadores –tradicionalmente católicos de ultraderecha–, se han aliado en un ecumenismo con otros grupos religiosos –principalmente evangélicos–; o bien en el ámbito partidista con la emergencia de partidos confesionales evangélicos, como el Partido Encuentro Social. Pero también, cabe decir, en la relación de determinados actores religiosos en distintos movimientos sociales que impugnan la política de Estado, o bien en la defensa del Estado laico como lo ha hecho la iglesia La Luz del Mundo.

También se observan en la emergencia de formas de religiosidad que se sitúan al margen de las instituciones religiosas, como lo pueden ser los cultos y las devociones a figuras populares como Juan Soldado, la Santa Muerte, Jesús Malverde, San Simón y otros; o bien en el amplio mercado new age, que algunos especialistas la entienden como una espiritualidad global que trasciende las fronteras territoriales, eclesiales y culturales, en donde se pueden encontrar desde religiosidades sincréticas hasta prácticas devenidas del oriente que complejizan todavía más el mosaico religioso.

Por si fuera poco, estos matices llevan a que la experiencia religiosa se conciba de diversas maneras según otros factores. Por ejemplo, existe ya un amplio corpus documental que aborda la religiosidad juvenil, la da cuenta de los quiebres generacionales existentes en una misma religión pues ésta se experimenta y practica de modos diversos; lo mismo cuando se trata del género, en particular de las mujeres, donde diversas pesquisas han visibilizado un papel que supera lo normativo y las han puesto en el centro como agentes de lo religioso; asimismo cuando se trata de los factores económicos, pues hay determinadas religiones, religiosidades o espiritualidades en las que se debe de contar con suficientes recursos monetarios para costear la experiencias rituales; o bien donde la experiencia religiosa está atravesada por la migración, y las remesas no sólo son monetarias, también simbólicas, religiosas entre ellas; que decir del uso de las tecnologías donde ya no es necesario estar presente en el espacio, ahora se puede ver el servicio religioso por el internet, leer la Biblia en el celular, hacer acomodar los chacras mediante una llamada telefónica, visitar un santuario mediante un recorrido virtual por la web, leer el horóscopo diario mediante una app, escuchar música religiosa por Spotify, y una larga lista que puede continuar.

Son muchas las graduaciones que pluralizan lo religioso, los ejemplos señalados son limitados. Por ello, la diversidad religiosa no se explica solamente contabilizándola mediante un instrumento, por lo que se ha requerido enfocar el lente para observar con mayor precisión la manera en que las preferencias religiosas tienen lugar en la sociedad. Se trata de un gran mosaico de creencias, prácticas, religiosidades y espiritualidades, un cúmulo de expresiones de lo religioso y donde lo religioso toma forma, lo que no dejará de sorprendernos pues los recursos de la materia social son inagotables.