Por Gabriela Arguedas Ramírez

En lo que va del Siglo XXI, en Costa Rica estamos atestiguando la consolidación de una forma de hacer política que hace uso del discurso propio de las corrientes adscritas a lo que se conoce en el campo de los estudios sobre las religiones, como el cristianismo “renovado” (revival) que se caracteriza por un activismo político fundamentalista. Por un lado, durante lo que llevamos del Siglo XXI, y en especial, en los últimos 6 años, los partidos políticos que han asumido en sus campañas electorales y sus propuestas programáticas un acento religioso, cercano al de las nuevas comunidades evangélicas pentecostales, aumentaron su caudal de votantes y consiguieron varias diputaciones en la Asamblea Legislativa.

La creación de partidos políticos cuyos fundadores son líderes religiosos (pastores) de iglesias evangélicas, y que se caracterizan por ofrecerse ante el electorado como una alternativa política fundamentada y coherente con los mandatos morales basados en sus creencias religiosas, inició a finales del Siglo XX.

En 1986 se creó el partido Alianza Nacional Cristiana, que no logró conseguir diputaciones. Más tarde, Justo Orozco funda el partido Renovación Costarricense, que en 1998 logra acumular los votos necesarios para obtener un puesto en la Asamblea Legislativa. Así es como Orozco llega a ser diputado por primera vez.

En el período 2002-2006 ganan de nuevo una curul. En esa ocasión, es electo por primera vez el pastor evangélico Carlos Avendaño. Este diputado luego se separa el partido y funda otro, también de carácter confesional y activista en materia religiosa (Partido Restauración Nacional). Restauración Nacional consigue una curul por segunda vez, en el período 2006-2010, con el pastor evangélico Guyón Massey.

En el 2010 sucede algo que no había ocurrido antes en la historia político-electoral costarricense. Dos partidos políticos evangélicos ganan diputaciones y lo hacen con dos pastores que habían ya sido diputados en legislaturas pasadas: Justo Orozco y Carlos Avendaño. En este año un nuevo partido político denominado Accesibilidad sin Exclusión, que se ofreció al electorado como un partido que representaría las voces de las personas con discapacidades físicas o cognitivas, se transformó en otra fracción parlamentaria similar a Restauración Nacional y a Renovación Costarricense. Este partido ganó 4 curules, sumando entonces 6 diputaciones cuyo discurso político y accionar legislativo se caracterizó por un estilo de corte fundamentalista/neointegrista religioso, algo hasta entonces desconocido en el espacio del Primer Poder de la República.

A partir de ese momento, se hizo común que diputados citaran textos bíblicos en el ejercicio de las labores propias de la Asamblea legislativa: control político, debates en torno a proyectos de ley, comisiones de investigación. Además, en este período la fracción parlamentaria oficialista, en una negociación con Justo Orozco, le concedió el puesto de presidente de la Comisión legislativa de derechos humanos, desde donde emitió declaraciones claramente homofóbicas, sexistas y contrarias a los compromisos del Estado derivados de los instrumentos internacionales de derechos humanos, ratificados por la República de Costa Rica. Esto provocó grandes manifestaciones sociales en protesta contra el diputado Orozco y contra su nombramiento en esta comisión.

Y llegamos a las más recientes elecciones. En el año 2014 Renovación Costarricense obtuvo dos diputaciones, Restauración Nacional ganó una, el Partido Accesibilidad sin Exclusión obtuvo otra y emergió un nuevo partido de corte religioso, denominado Alianza Democrática Cristiana, que ganó otra. Estos partidos han formado un bloque parlamentario que comparte una agenda marcada por su oposición a cualquier proyecto de ley dirigido a garantizar derechos sexuales, derechos reproductivos o derechos civiles para personas homosexuales. Se oponen también a la reforma constitucional para eliminar el carácter confesional del Estado costarricense (Costa Rica es de los pocos países en Occidente que tiene religión oficial, según lo dispuesto en la Constitución de la República) y continúan con la tendencia -iniciada desde la gestión de Justo Orozco- de hacer mancuerna con los sectores de derecha en lo que corresponde a materia fiscal y política económica.

Esta trayectoria guarda claras similitudes con el activismo político-religioso de carácter fundamentalista evangélico, que ha sido funcional a las estrategias económicas de los sectores neoliberales, en países como Guatemala y Brasil.

Finalizo este recuento general, señalando que este crecimiento político de los sectores conservadores cercanos a los grupos fundamentalistas, se nutre de una estrategia de alianza y no de una confrontación con la jerarquía católica. Esta alianza política ha sido beneficiosa para ambos grupos y ha logrado incidir con éxito en las diversas instituciones del Estado, provocando importantes retrocesos o reforzando obstáculos en el campo de los derechos humanos y las libertades individuales.