Por Francisco Concepción

En Puerto Rico se ha desatado un interesante debate en las últimas semanas. Ante la crisis económica y fiscal del Estado Libre Asociado el Secretario de Hacienda, Juan Zaragoza, ha anunciado que su dependencia va a auditar a las iglesias de la Isla. Según la ley vigente las iglesias están exentas del pago de impuestos por ser organizaciones sin fines de lucro. Esta condición no sólo se refiere al pago de impuestos sobre el dinero que las mismas reciban sino que está relacionado con la producción de informes anuales donde se indiquen las entradas y salidas de la institución religiosa. Otras organizaciones sin fines de lucro, como hospitales o escuelas, tienen que rendir informes anuales a Hacienda sobre sus ingresos y egresos pero aun así están exentas del pago de impuestos.  El anuncio del Secretario Zaragoza ha causado incomodidad en ciertos sectores religiosos pero también ha habido manifestaciones de apoyo a las declaraciones del Secretario.

Durante los últimos diez años se ha ido fortaleciendo un amplio sector secular, ateo y libre pensador en Puerto Rico. Aunque es cierto que el mismo siempre ha existido también es cierto que su presencia mediática se ha fortalecido durante ese tiempo. Un grupo que ha sido parte de este despertar secularista en la Isla ha sido el colectivo “Dios le Debe a Hacienda”. Dicho grupo ha realizado manifestaciones durante los últimos años pidiendo la separación de Iglesia y Estado y la imposición de contribuciones a las instituciones religiosas. Las recientes manifestaciones del Secretario de Hacienda ponen en evidencia que el movimiento secularista, del cual también es parte el movimiento Humanistas Seculares, ha tenido un efecto en las autoridades del país. Aunque también es probable que la crisis fiscal de la Isla haya influido en la determinación del Secretario.

El sector religioso en Puerto Rico está tradicionalmente dividido. Por un lado tenemos sectores liberales, identificados con la Teología de la Liberación o sus variantes, y por otro tenemos sectores mucho más conservadores en aspectos sociales y culturales. Las iglesias históricas, como la iglesia Episcopal o la Iglesia Luterana, tienden a ser, no en su totalidad, iglesias liberales que apoyan cambios como la introducción de un currículo de perspectiva de género en las escuelas públicas o el matrimonio igualitario. Otras iglesias, usualmente independientes, pentecostales o la Católica Romana, son mucho más conservadoras y se oponen a cambios culturales y sociales en el matrimonio o los roles de género.

Por ser un año electoral, y tener a un gobernador que está de salida ya que no ha corrido para la reelección, las manifestaciones del Secretario Zaragoza cobran mayor importancia. El actual gobernador de Puerto Rico, Alejandro García Padilla, del Partido Popular Democrático (PPD), ha logrado galvanizar la oposición de los sectores religiosos más conservadores por haber apoyado la introducción de la perspectiva de género en la educación y la legalización del matrimonio igualitario en la isla.

La próxima elección pondrá en evidencia, en Puerto Rico, cómo se da la división en el sector religioso y cuál es la fuerza de los sectores más conservadores. Aunque es tradicional asumir que ese sector es muy grande es posible que el resultado electoral evidencie que no es así y que el voto evangélico conservador en Puerto Rico realmente es mucho más débil de lo que se creía. Por otro lado la introducción al juego público, con apoyo de sectores sociales importantes, del movimiento secularista es una novedad en la Isla. Mucho más si se considera que por el Partido del Pueblo Trabajador (PPT) se ha presentado a la elección para la posición de Comisionada Residente a la abogada Mariana Nogales quien es una destacada integrante del movimiento “Humanistas Seculares de Puerto Rico”.

En Puerto Rico tenemos un nuevo juego electoral. Por un lado un movimiento secularista mucho más notable. Por otro  lado un sector religioso conservador debilitado por las derrotas culturales recientes, el matrimonio igualitario y la perspectiva de género, y por último un gobierno central dispuesto a retar la hegemonía del sector religioso conservador en la Isla. El anuncio del Secretario de Hacienda coloca en perspectiva esa realidad política, pero también coloca en perspectiva la importancia de un serio diálogo público acerca de la separación de Iglesia y Estado que está todavía pendiente.